Quotessence
Home / Topics / Amistad Quotes

Amistad Quotes

Browse 215 quotes about Amistad.

Amistad Quotes

“Ella me estaba rompiendo algo por dentro, algo que, en lugar de crecer, permanecería pequeño para siempre. Frágil, infantil, estropeado. Algo desesperado e ingenuo que me induciría a ver lo bueno en todo, solo para no tener que ver el lado malo de las cosas. Porque no es cierto que los niños dejan de ser niños cuando sufren desilusiones. Algunos se ven a sí mismos rompiéndolo todo. Y son niños para siempre”

“EL CÍRCULO DEL AMOR La vida es un círculo En el cual, hay amor. Todos están incluidos Abrazados a través de los ojos del Alma Arcos iris de luz Llenan nuestros corazones Cuando destellan con delicia Al abrirse a la vista: Un portal, Una ventana En todos los corazones De un corazón unificado Todos están conectados, así como Las flores eclosionan Los árboles crecen La fragancia mana Me recuesto Todavía late El sonido del cielo Todo en un latido. Danza con mi Alma Abraza los rayos Todo dentro de nuestros días De comprensión y amor.”

“Tu primera responsabilidad es amar escuchando profundamente. ¿Qué quiere tu amigo? ¿Qué dice el Espíritu Santo? Escucha con empatía, tratando de comprender sin tratar de “arreglar” sus sentimientos. ¿Hay alguna pista de cómo podría estar trabajando el enemigo? Deja que el Señor te llene de su amor por tu amigo. Si escuchas con amor y aceptación, tu amigo puede compartir contigo cosas que nunca ha compartido con nadie. Parte de tu responsabilidad es asegurarte de que la persona tenga la capacidad para decidir aquello de lo que quiere ser liberada. Su liberación es entre Jesús y ella. Tú solo estás ayudando. Algunas personas quieren que otros decidan qué deben hacer. No cedas ante esta petición. Quédate con la persona, enséñale lo que sabes y deja que tome decisiones por sí misma. La instrucción y el ejemplo que damos pueden ayudarle a entrar en un proceso de transformación de por vida.”

“Supongo que si a uno le gustaban las perras frígidas que escondían corazones atados con oro, se podría decir razonablemente que el Gran Príncipe Justin de Verania era un hombre atractivo. Claro, a menudo parecía que había mordido el más amargo de los limones (algo de lo que había intentado curarlo, pero que parecía empeorar), pero hombres y mujeres amaban su piel de porcelana, alabando poéticamente sus rizos marrón chocolate. Qué majestuoso es, exclamaban. Qué hermoso. Era como si los dioses mismos tuvieran algo que ver. Incluso después de que esencialmente lo había reencarnado, se veía bien constituido. Era escultural, de hombros anchos y cintura estrecha. Tenía dedos elegantes y palmas encallecidas, un testimonio de lo bien versado que estaba como espadachín. Su lujosa túnica bordada se estiraba ajustando sus brazos y pecho. Sus pantalones tenían la cantidad justa de tiro entre sus muslos y... —Santa mierda —respiré—. Eres de ensueño. Él dijo: —¿Qué? —Sin inflexión alguna. —Me gustas, no, solo... dame un momento. Mi visión del mundo ha cambiado y estoy luchando para seguir adelante. Y qué... más o menos es un día normal para ti, ¿no? —¿Cuándo te volviste atractivo? —Exigí. —¿Estás seduciéndome? —preguntó con incredulidad. —¡Qué! ¡No! Por supuesto no. Al menos, creo que no. ¿Soy yo? Realmente necesito sentarme y pensar en esto. ¿Qué estoy haciendo? ¿Con esto? ¿Con mi vida? Oh, dioses míos, ¿qué estoy haciendo con mi...”

“En Auschwitz-Birkenau, los internos aprendieron enseguida que era pocas las pertenencias personales realmente esenciales para vivir: ropa, calzado y un plato para la comida. Más allá de eso, lo que contaba era la amistad y la lealtad. Recuperar las posesiones no tenía tanto que ver con volver a poseerlas como con restablecer cierta vida de hogar tras la realidad distorsionada de los campos de concentración.”

“En Auschwitz-Birkenau, los internos aprendieron enseguida que eran pocas las pertenencias personales realmente esenciales para vivir: ropa, calzado y un plato para la comida. Más allá de eso, lo que contaba era la amistad y la lealtad. Recuperar las posesiones no tenía tanto que ver con volver a poseerlas como con restablecer cierta vida de hogar tras la realidad distorsionada de los campos de concentración.”

“La amistad es completamente diferente. Nadie nos impone a los amigos; los elegimos nosotros. No nos une una ceremonia, ni la responsabilidad de engendrar un hijo; nos unen las experiencias y los momentos vividos. Nos une una chispa que saltó cuando nos conocimos; las risas y las lágrimas que hemos compartido; los secretos que guardamos y protegemos como un tesoro. La fascinación ante la certeza de saber que el otro, aún siendo tan diferente a ti, entiende las razones de tu corazón como nadie lo hará jamás.”

“Minka y yo pertenecíamos a credos distintos. Sin embargo, nuestra amistad me enseñó a no fijarme en las diferencias que hay entre la gente. Me gustaba jugar con mis amigos, pero prefería estar sola. La historia del piloto al que su avión deja tirado y que conoce a un niño príncipe de otro mundo, me hacía pensar que había algo más grande escondido detrás de lo que yo podía ver.”

“Cuando lo sepas quisiera ver tu cara. Por que vas a saberlo aunque no te lo diga ni leas estos poemas. ¿Cambiará algo entonces? Es imposible que no adviertas aún mi turbación: tanto desorden de miradas, tanta avidez registrando el más breve de tus gestos. ¿Y nada modifica tu indolencia? Ah, íntegro varón, que Dios te guarde. Pero voy a aclararte en nombre de esta cólera y a manera de agravio, que si te amo es seguramente por error. has de saber que nunca me gustaron ojos desteñidos ni maneras solemnes, menos aún cabello lacio y bien peinado (y de la solemnidad líbrame Dios, libérame). También has de saber que eres demasiado sencillo para mi soledad, demasiado humano para mi deseo, demasiado lineal para la arquitectura de este laberinto. Pero ya basta: pido una disculpa. Ocurre tal vez que sólo seas un poco distraído. Vendrá entonces de ti el reconocimiento o una sincera frase paternal.”

“En la amistad creemos haber elegido a nuestros iguales, y en realidad cualquier casualidad podría habernos mantenido separados. Pero para un cristiano, estrictamente hablando, no hay casualidades. Un secreto Maestro de Ceremonias ha entrado en acción. Cristo, que dijo a sus discípulos: «Vosotros no me habéis elegido a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros», puede realmente decir a cada grupo de amigos cristianos: «Vosotros no os habéis elegido unos a otros, sino que Yo os he elegido a unos para otros». La amistad no es una recompensa por nuestra capacidad de elegir y por nuestro buen gusto de encontrarnos unos a otros, es el instrumento mediante el cual Dios revela a cada uno las bellezas de todos los demás. Como todas las bellezas, estas proceden de Él. En este festín es Él quien ha preparado la mesa y elegido a los invitados. Es Él, nos atrevemos a esperar, quien a veces preside, y siempre tendría que poder hacerlo. No somos nada sin nuestro Huésped.”

“La amistad surge fuera del mero compañerismo cuando dos o más compañeros descubren que tienen en común algunas ideas o intereses o simplemente algunos gustos que los demás no comparten y que hasta ese momento cada uno pensaba que era su propio y único tesoro, o su cruz. La típica expresión para iniciar una amistad puede ser algo así: «¿Cómo, tú también? Yo pensaba que era el único».”

“La amistad debe estar llena de admiración mutua, de amor de apreciación. Necesario será recordarla: sentiremos que somos nosotros mismos —nosotros cuatro o cinco— quienes nos hemos elegido unos a otros; al percibir cada uno la belleza interior de los demás, todos iguales, y formando así una nobleza voluntaria, creeremos que nosotros mismos nos hemos elevado por encima del resto de la humanidad gracias a nuestros propios poderes.”

“Era yo pues bien miserable; que por fuerza lo es el alma que vive presa en la amistad de las cosas mortales y se desgarra cuando las pierde. Lloraba con inmensa amargura, pero en la amargura misma encontraba descanso. Y tan miserable era, que más aún que a mi dilecto amigo muerto amaba yo mi propia mísera vida; pues aunque hubiera querido cambiar la condición de mi vida, no quería perderla como lo perdí a él. Ni siquiera sé si de veras estaba dispuesto a perderla por él.”

“Dichoso el que te ama a ti, y a su amigo en ti, y a su enemigo en ti; pues el único que no pierde a sus seres queridos es el que los quiere y los tiene en Aquel que no se pierde. ¡Oh Dios de las virtudes, conviértenos a ti, muéstranos tu rostro, y seremos salvos! (Sal 79,4) Porque adondequiera que se vuelva el alma del hombre fuera de ti, queda inmóvil en el dolor, aunque se detenga en cosas bellas fuera de ti y fuera de él mismo, cosas que sin ti nada serían.”