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Dios Quotes

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Dios Quotes

“El látigo enseñó al muchacho la oración y esta se convirtió en instrumento de consuelo. ¿Acaso las penas y sufrimientos que encontramos en el camino no son el látigo que utiliza Dios para procurarnos la felicidad? ¿Por qué, entonces, habíamos de temerlo tanto? Él nos ama con amor infinito y los látigos nos enseñan a orar, conduciéndonos a verdaderas alegrías.”

“Semana 2, preámbulo para considerar estados: comenzaremos, juntamente contemplando la vida de Cristo, a investigar y a demandar en qué vida o estado de nosotros se quiere servir su divina majestad. Y así, para alguna introducción dello, en el primer ejercicio siguiente veremos la intención de Cristo nuestro Señor y, por el contrario, la del enemigo de natura humana; y cómo nos debemos disponer para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios nuestro Señor nos diere para eligir.”

“Cada día, todos los días de nuestra vida, Dios nos pone delante personas y ocasiones con las que espera que actuemos. No espera más de nosotros, pero no aceptará menos; y faltamos a nuestra promesa y a nuestro compromiso si no descubrimos su divina voluntad en cada momento de cada día. Cualquier momento de la vida de los hombres es precioso a los ojos de Dios y ninguno se debe malgastar por culpa de las dudas o el desaliento.”

“Resistirse a la humillación es algo completamente natural. Retrocedemos ante las experiencias humillantes porque atentan contra nuestra dignidad (que es otra manera de decir que hieren nuestro orgullo). Esa es la clave del problema. Entonces nos vendrá bien recordar quiénes somos nosotros realmente y quién es Dios. Si detrás de esa experiencia solo vemos el daño y lo desagradable del hecho, únicamente puede ser porque hemos perdido de vista, al menos momentáneamente, la voluntad de Dios y su providencia. Porque las humillaciones nacen de las circunstancias, de los acontecimientos y de la gente que Dios nos pone delante cada día; y todas esas cosas no son sino manifestaciones de su providencia. De ahí que debamos aprender a descubrir en todo ello, incluso en las humillaciones, ocasiones para una mayor conformidad con la voluntad de Dios.”

“Tener la impronta de la naturaleza divina dentro de sí, tener la imagen de Dios, quiere decir ser fecundo, tener deseo de generar vida, de procurar vida, de cuidar la vida, de cultivarla. La fecundidad me parece el más nítido de los principios de discernimiento. Una de las cosas más inútiles es hacer discernimiento para llegar a entender quién soy, pues la verdadera pregunta es: ¿para quién soy? Estar contento de mí mismo —para mí mismo y nada más— será mi horror. Si al final no me abro a nadie, ni siquiera yo soy alguien.”

“No importa lo leves que puedan ser sus faltas, con tal de que su efecto acumulativo sea empujar al hombre lejos de la Luz y hacia el interior de la Nada. El asesinato no es mejor que la baraja, si la baraja es suficiente para lograr este fin. De hecho, el camino más seguro hacia el Infierno es el gradual: la suave ladera, blanda bajo el pie, sin giros bruscos, sin mojones, sin señalizaciones.”

“Las apariciones se fueron poco a poco haciendo una obsesión. Eran hombres a quienes yo había tratado de forma cruel, y mujeres a las que había seducido. Todos me recriminaban por mi vida, y no me dejaban en paz. Mi salud mermó y marché al extranjero para ver si desaparecían las pesadillas pero éstas aumentaban y retorné a casa más muerto que vivo. Todo eso fue, no obstante, la puerta que me permitió reconocer las negligencias de mi propia vida. Me arrepentí, me confesé, liberé a todos mis sirvientes, y me propuse pasar el resto de mi vida haciendo penitencia, trabajando duro y haciéndome pasar por un pobre mendigo. Deseaba, de verdad, humillarme y hacerme el más miserable de los hombres. Apenas había tomado esta decisión, cesaron las pesadillas, y mi reconciliación con Dios me dio tal gozo y alegría que me es imposible describirlo. Y yo, que había comprendido lo que era por experiencia el infierno, comprendí también por experiencia lo que era el cielo y cómo el reino de Dios está dentro de nosotros.”

“Dios puede mostrarse a Sí mismo tal como es realmente sólo a hombres reales. Y eso significa no sólo a hombres que son individualmente buenos, sino a hombres que están unidos juntos en un cuerpo, amándose unos a otros, ayudándose unos a otros, enseñándose a Dios unos a otros. Puesto que eso es la que Dios quería que fuese la Humanidad: como músicos de una única orquesta, u órganos de un único cuerpo. En consecuencia, el único instrumento adecuado para aprender acerca de Dios es toda la comunidad cristiana, esperándole juntos. La hermandad cristiana es, por así decirlo, el equipo técnico para esta ciencia: el equipo de laboratorio.”

“Un mundo de buenas personas, satisfechas con su propia bondad, sin mirar más allá, dándole la espalda a Dios, estaría tan desesperadamente necesitado de salvación como un mundo miserable… e incluso podría ser aún más difícil de salvar. El mero mejoramiento no es la redención, aunque la redención siempre mejora a la gente, incluso aquí y ahora, y la mejorará al final hasta un grado que aún no podemos imaginar. Dios se hizo hombre para convertir a las criaturas en hijos: no simplemente para producir hombres mejores de la antigua clase, sino para producir una nueva clase de hombre.”

“Durante mucho tiempo consideré la imagen negativa que tenía de mí como una virtud. Me habían prevenido tantas veces contra el orgullo y la vanidad que llegué a pensar que era bueno despreciarme a mí mismo. Ahora me doy cuenta de que el verdadero pecado consiste en negar el amor primero de Dios por mí, en ignorar mi bon­dad original. Porque, si no me apoyo en ese amor primero y en esa bondad original, pierdo el contacto con mi auténtico yo y me destruyo.”

“Escoger un mal cristiano y un buen ateo no sirve para comparar. Ambos son resultado de ciertas causas naturales y la educación recibida en sus primeros años, tienen ciertos temperamentos: el cristianismo promete poner ambos temperamentos bajo una nueva dirección si ellos se lo permiten. Lo que tenéis derecho a preguntar es si esa nueva dirección, si se le permite hacerse cargo, mejora la compañía. Nos comportamos como si la bondad fuera todo lo que Dios exigiera. Pero esto sería un error fatal.”

“La bondad, de hecho, es el regalo de Dios a Dick (ateo de buen carácter), no el regalo de Dick a Dios. Del mismo modo, Dios ha permitido que las causas naturales, operando en un mundo dañado por siglos de pecado, produzcan en la señorita Bates (cristiana) la estrechez de mente y los nervios alterados que dan cuenta de la mayor parte de su maldad. Dios tiene pensado, a Su tiempo, arreglar esa parte de ella.”

“Mientras Dick (ateo) no se vuelva hacia Dios, piensa que su bondad es suya, y mientras siga pensando eso, no es suya. Lo es cuando Dick se da cuenta de que su bondad no es suya sino un regalo de Dios, y cuando se la ofrece a su vez a Dios, es justamente entonces cuando empieza a ser realmente suya. Porque ahora Dick está empezando a intervenir en su propia creación. Las únicas cosas que podemos guardar son aquellas que le damos libremente a Dios. Lo que intentamos guardarnos para nosotros es justamente lo que con toda seguridad perderemos.”

“No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad de corazón sólo puede venir de Aquel que es la Bondad misma, el Bien.”

“Fariseo se jacta de sus muchas virtudes; le habla a Dios tan sólo de sí mismo y, al alabarse a sí mismo, cree alabar a Dios. El publicano conoce sus pecados, sabe que no puede vanagloriarse ante Dios y, consciente de su culpa, pide gracia. ¿Significa esto que uno representa el ethos y el otro la gracia sin ethos o contra el ethos? En realidad no se trata de la cuestión ethos sí o ethos no, sino de dos modos de situarse ante Dios y ante sí mismo. Uno, en el fondo, ni siquiera mira a Dios, sino sólo a sí mismo; realmente no necesita a Dios, porque lo hace todo bien por sí mismo. No hay ninguna relación real con Dios, que a fin de cuentas resulta superfluo; basta con las propias obras. Aquel hombre se justifica por sí solo. El otro, en cambio, se ve en relación con Dios. Ha puesto su mirada en Dios y, con ello, se le abre la mirada hacia sí mismo. Sabe que tiene necesidad de Dios y que ha de vivir de su bondad, la cual no puede alcanzar por sí solo ni darla por descontada. Sabe que necesita misericordia, y así aprenderá de la misericordia de Dios a ser él mismo misericordioso y, por tanto, semejante a Dios. Él vive gracias a la relación con Dios, de ser agraciado con el don de Dios; siempre necesitará el don de la bondad, del perdón, pero también aprenderá con ello a transmitirlo a los demás. La gracia que implora no le exime del ethos. Sólo ella le capacita para hacer realmente el bien. Necesita a Dios, y como lo reconoce, gracias a la bondad de Dios comienza él mismo a ser bueno. No se niega el ethos, sólo se le libera de la estrechez del moralismo y se le sitúa en el contexto de una relación de amor, de la relación con Dios; así el ethos llega a ser verdaderamente él mismo.”

“Tenemos que aprender de nuevo, desde lo más íntimo, la valentía de la bondad; sólo lo conseguiremos si nosotros mismos nos hacemos «buenos» interiormente, si somos «prójimos» desde dentro y cada uno percibe qué tipo de servicio se necesita en mi entorno y en el radio más amplio de mi existencia, y cómo puedo prestarlo yo.”

“En ausencia de una hipótesis religiosa adecuada, se encuentran ante la elección entre una idolatría enloquecida, como puede ser el nacionalismo, y la sensación de futilidad y desesperación absolutas. ¡Misterios insondables! Pero a lo largo de la historia de la que tenemos constancia, la inmensa mayoría de los hombres y las mujeres han preferido el riesgo -no, la posible certeza- de tales desastres, antes que afrontar el fatigoso esfuerzo integral de buscar primero el reino de Dios. A la larga, obtenemos exactamente lo que habíamos pedido.”

“La oración interior continua es la constante aspiración del espíritu humano por alcanzar a Dios. Para aprender este dulce ejercicio, es necesario que nos concentremos en su realización y hay que pedir a menudo al Señor que Él mismo sea quien nos enseñe a orar sin cesar. Pero hace falta mucho tiempo para aprender.”

“Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.”

“Nunca olvides que cuando estamos tratando cualquier placer en su forma sana, normal y satisfactoria, estamos, en cierto sentido, en el terreno del Enemigo. Por eso tratemos siempre de alejarnos de la condición natural de un placer hacia lo que en él es menos natural, lo que menos huele a su Hacedor, y lo menos placentero. La fórmula es un ansia siempre creciente de un placer siempre decreciente. Es más seguro, y es de mejor estilo. Conseguir el alma del hombre y no darle nada a cambio: eso es lo que realmente alegra el corazón de Nuestro Padre.”

“El hombre que entiende la libertad como puro arbitrio, el simple hacer lo que quiere e ir donde se le antoja, vive en la mentira, pues por su propia naturaleza forma parte de una reciprocidad, su libertad es una libertad que debe compartir con los otros; su misma esencia lleva consigo disciplina y normas; identificarse íntimamente con ellas, eso sería libertad. Así, una falsa autonomía conduce a la esclavitud.”

“El drama del Monte de los Olivos consiste en que Jesús restaura la voluntad natural del hombre de la oposición a la sinergia, y restablece así al hombre en su grandeza. En la voluntad natural humana de Jesús está, por decirlo así, toda la resistencia de la naturaleza humana contra Dios. La obstinación de todos nosotros, toda la oposición contra Dios está presente, y Jesús, luchando, arrastra a la naturaleza recalcitrante hacia su verdadera esencia.”

“Si me acuerdo de cuánto bien me hicieron algunas bofetadas de la vida, y si me vuelve al corazón lo que he vivido cuando, ante una injusticia, me he abandonado en las manos de Dios, entonces la vida no me dará miedo. Construyo sobre bases sólidas. En la acogida de una humillación, de cualquier tipo, hay siempre un salto de calidad.”

“La naturaleza de los objetos se aprecia según la disposición interior del alma», es decir, que cada uno se forma una idea de los demás según lo que es él mismo. Y más adelante añade: «Quien ha conquistado esta ciudadela no puede estar atado a la percepción de las cosas. No tiene en cuenta para nada las dulzuras de la vida, no hace diferencia entre lo sagrado y lo profano, sino que, como Dios que hace llover y que salga el sol de igual manera sobre justos e injustos.”

“Dios no nos pide que hagamos nada más tedioso, más cansado, más rutinario y monótono, y menos espectacular que lo que hizo Él mismo. Trabajó para dejar claro que el trabajo más sencillo y menos brillante es –o, en cualquier caso, puede ser, si se ve desde la perspectiva de Dios y de la eternidad– una participación en la obra divina de la creación y la redención, una ocasión diaria para cooperar con Dios en los hechos fundamentales de su alianza de salvación. Con él no solo me ganaba mi salvación, sino la de los demás, al menos a través del ejemplo que pudiera darles. Es más, mis quehaceres, mis penalidades, los podía ofrecer por otros como un acto redentor, y como un medio de reparar y expiar tanto mis pecados del pasado como los suyos.”

“Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse. [...] La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal. (Capote, pág. 9) »[...] En un cuento de Henry James, creo que “The Middle Years”, su personaje, un escritor en las sombras de la madurez, se lamenta: “Vivimos en la oscuridad, hacemos lo que podemos, el resto es la demencia del arte”. O palabras parecidas. En cualquier caso, míster James lo expone en toda la línea; nos está diciendo la verdad. Y la parte más negra de las sombras, la zona más demencial de la locura, es el riguroso juego que conlleva. (Capote, pp. 12-13) »Los escritores, cuando menos aquellos que corren auténticos riesgos, que están ansiosos por morder la bala y pasar la plancha de los piratas, tienen mucho en común con otra casta de hombres solitarios: los individuos que se ganan la vida jugando al billar y dando cartas. (Capote, pág. 13) »[...] Para empezar, creo que la mayoría de los escritores, incluso los mejores, son recargados. Yo prefiero escribir de menos. Sencilla, claramente, como arroyo del campo. (Capote, pág. 15). »[...] Entretanto, aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio (Capote, pág. 17)”

“Muy a menudo, lo que Dios nos otorga primero no es la virtud en sí sino este poder de levantarse y volver a intentarlo de nuevo. Nos cura de nuestras ilusiones con respecto a nosotros mismos y nos enseña a depender de Dios. Por un lado, aprendemos que no podemos confiar en nosotros mismos ni siquiera en nuestros mejores momentos y, por el otro, que no debemos desesperar ni en nuestros peores momentos, porque nuestros fracasos son perdonados. La única cosa fatal es sentirse satisfecho con cualquier cosa que no sea la perfección.”

“Eres tú, Señor, el que me juzgas. Ningún hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él. Con todo, todavía hay en el hombre algunas cosas que el mismo espíritu del hombre no entiende. Solo tú, Señor, sabes todas sus cosas, porque le has hecho. Algo sé yo de ti que desconozco de mí, aunque también me desprecie en tu presencia y me tenga por tierra y ceniza. Cierto que en esta vida no te vemos cara a cara sino en un espejo y de forma borrosa. Por lo mismo, mientras peregrino lejos de ti, estoy más cerca de mí que de ti. Pero si sé que no hay alteración en ti, mientras que yo no acierto a saber qué tentaciones podré resistir y cuáles no. Mi esperanza estriba en que eres fiel, que no permitirás que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas, antes bien, con la tentación nos darás modo de poderla resistir con éxito. Confesaré, pues, lo que sé de mí. También confesaré lo que no sé de mí. Porque incluso lo que sé de mí, sólo lo sé porqué tú me iluminas. Y lo que desconozco de mí no lo sabré hasta que mis tinieblas se conviertan en luz de mediodía en tu presencia.”

“Dios no es apresurado a lo largo de esta corriente de tiempo que es el universo del mismo modo que un autor no es apresurado a lo largo del tiempo imaginario de su propia novela. Tiene una atención infinita para prodigar entre todos nosotros. No tiene que tratar con nosotros en masa. Estás tan solo con Él como si fueras el único ser que hubiera creado. Cuando Cristo murió, murió por ti individualmente como si hubieras sido el único hombre del mundo.”

“Algunos hombres de ciencia, llenos de complacencia y engreimiento, con impía soberbia se retiran de tu luz; prevén los oscurecimientos del sol pero no ven la oscuridad en que ellos mismos están, ya que no buscan con espíritu de piedad de dónde les viene el ingenio que ponen en sus investigaciones. Convierten pues tu verdad en mentira y dan culto y servicio no al Creador, sino a la criatura. Pobre del hombre que sabiendo todo esto no te sabe a ti; y dichoso del que a ti te conoce aunque tales cosas ignore. Pero el que las sepa y a ti te conozca no es más feliz por saberlas, sino solamente por ti. No veo en qué pueda perjudicarle su ignorancia sobre las cosas del mundo si no piensa de ti cosas indignas.”

“Lo que me había pasado con el ciego. Su ejemplo había hecho aumentar en mí la devoción y el amor al Señor. La oración interior del corazón me hacía sentir tan feliz, que no podía pensar en una felicidad mayor sobre la tierra. Y no se trataba únicamente de una realidad interior; el mismo mundo exterior tenía para mí algo diverso; todo lo miraba con una luz especial. ¡Todo me llevaba a alabar más al Señor, y a darle gracias! Los hombres, las plantas, los animales... todo me parecía tener una presencia del Señor, que yo antes no descubría. Ahora todo se me hacía más familiar. A veces, parecía como si el cuerpo perdiese su peso natural y yo me sintiese liviano y ágil, sin notar la pesadez del cuerpo. Otras veces entraba de tal manera en mi interior, que admiraba la disposición del cuerpo, de todos sus miembros, de su hermosura... Y daba por ello gracias a Dios. A veces sentía una gran alegría, como si me hubieran nombrado zar... A veces, deseaba experimentar pronto la muerte, para poder testimoniarle mi agradecimiento en el mundo de los espíritus puros.”

“La oración siempre agrada a Dios y es útil para nuestra salvación, sean cuales fueren los sentimientos que tengas durante la misma. Lo dicen los santos Padres. Ninguna oración, ya sea rica o pobre según nuestro juicio, se perderá ante Dios. El consuelo, fervor y dulzura manifiestan que Dios te premia y consuela por el esfuerzo realizado; la pesadez, tristeza y aridez significan que, está purificando y fortaleciendo tu alma, salvándola con esta prueba saludable, disponiéndola a saborear con humildad la futura felicidad.”

“Los Apóstoles, que llevaban ya más de un año como discípulos de Jesús, y recibieron de Él su oración, el Padrenuestro, que nos han legado, y sin embargo, al final de su existencia terrena, Jesucristo les reveló el misterio que aún ignoraban, para que su oración fuese realmente eficaz. Les dijo: «Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. Yo os aseguro: lo que pidáis en mi nombre al Padre, os lo dará» (Jn 16,23-24)”

“El método más eficaz para combatir la pereza y la negligencia frente a la oración consiste en la paciencia y la espera para obtener con la ayuda de Dios, la perfección y la dulzura, la estática percepción del amor divino. Con la oración se pueden obtener sin dificultad sensaciones interiores dulces y deseables; una alegría que desborda el mismo corazón, un placentero calor y una luz que resplandece interiormente, un entusiasmo indescriptible, y además alegría, paz interior, serenidad, felicidad plena y amor por la vida. «El gozo es la alegría proveniente de la esperanza que florece en el corazón; y la salud del corazón consiste en la prefiguración de esta esperanza». Y prosigue: «De hecho, todo deseo humano presupone, desde su inicio hasta su conclusión, un cierto método y la esperanza de su cumplimiento... Lo cual estimula la mente para iniciar la acción y continuarla. Esta finalidad refuerza la mente para superar los obstáculos y la conforta para llevar a término cuanto ha proyectado».”

“El espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin. El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.”

“La Iglesia no existe más que para atraer a los hombres a Cristo, para convertirlos en otros Cristos. Si no cumple este cometido, todas las catedrales, el sacerdocio, las misiones, los sermones, incluso la Biblia misma, son sencillamente una pérdida de tiempo. Dios se hizo hombre para ese único fin. Incluso es dudoso que el universo haya sido creado para otro fin que ese. La Biblia dice que el universo entero fue creado para Cristo y que todo ha de ser reunido en Él. Lo que se nos ha dicho es cómo nosotros, los hombres, podemos ser atraídos hacia Cristo. Esto es lo único para lo que hemos sido hechos. Y hay extraños, excitantes indicios en la Biblia de que, cuando hayamos sido atraídos, un gran número de otras cosas en la naturaleza empezarán a funcionar bien. La pesadilla habrá terminado, y llegará el amanecer.”

“Camino sin parar y rezo incesantemente la oración a Jesús, que para mí es la cosa más preciosa y dulce del mundo. A veces recorro setenta verste en un día y no siento ningún cansancio: sólo sé que he rezado. Cuando siento mucho frío repito con más intensidad mi oración y me siento aliviado. Cuando siento hambre, invoco con más fuerza el nombre de Jesús y me olvido de mis deseos de comer. Si me siento enfermo y noto que me duele la espalda o las piernas, me concentro en la oración a Jesús y el dolor desaparece. Cuando alguien me ofende, pienso solamente en la oración a Jesús, la cólera y la tristeza desaparecen, y lo olvido todo. A veces pienso que me he vuelto un poco extraño, no tengo preocupaciones, nada me causa pesar, nada de lo externo me atrae, me agrada estar solo y la única necesidad que tengo es la de orar continuamente. Cuando lo hago me lleno de gozo. ¡Sólo Dios sabe lo que está haciendo en mí!”

“Después de un tiempo, sentí que mi oración había pasado de los labios al corazón. Me parecía que el corazón mismo, con sus latidos, iba diciendo las palabras de la oración. Rítmicamente el corazón parecía decir: 1. Señor; 2. Jesucristo; 3. Hijo; 4. de Dios; 5. ten piedad; 6. de mí. Dejé de mover mis labios y estuve atento al corazón, intentando también mirar en mi interior.”

“El monje me decía que las palabras del evangelio obran por sí mismas, porque son palabra de Dios. —No es necesario entender, basta leer con atención. Un santo dijo que si tú no entiendes la palabra de Dios, los malos espíritus sí la entienden, y tiemblan. Y tu embriaguez viene de los malos espíritus. Y te diré todavía más. San Juan Crisóstomo asegura que hasta el lugar donde se guardan las Escrituras aterra a los malos espíritus y es un obstáculo para sus intenciones.”

“Tenían razón los santos Padres cuando decían que la Filocalía es la llave que abre el entendimiento de los misterios de la Escritura. Con ayuda de la Filocalía comencé a entender mejor lo oculto de la palabra de Dios. Descubrí qué significaba el hombre interior en el fondo del corazón, la verdadera oración, la adoración en Espíritu, el Reino en nuestro interior, la intercesión del Espíritu Santo... Comprendí también el sentido de expresiones como estas: «Vosotros estáis en mí» (cf Jn 15,4); «Dame tu corazón» (cf Prov 23,26); «Revestirse de Cristo» (cf Gál 3,27), qué significan «las bodas del Espíritu con los hombres», la invocación: «¡Abba, Padre!» (cf Gál 4,6), y otras expresiones. Al mismo tiempo, las cosas que me rodeaban parecía como que se transformaban con la oración: los árboles, la hierba, los pájaros, la tierra, el aire, la luz... Todo parecía decirme que existía para mí. Me parecía que daban testimonio de que Dios las había creado para el hombre por amor. Así comprendí lo que la Filocalía llama el lenguaje de la creación y la posibilidad de hablar de Dios con la misma creación.”

“Podrás hacer todas las penitencias inimaginables –le dije–, pero si no tienes a Dios en tu alma y la oración a Jesús en tu corazón, no encontrarás la paz, y estarás siempre expuesto a caer de nuevo. Disponte, pues, a rezar la oración a Jesús, en esta soledad te resultará fácil y pronto notarás sus efectos positivos. Desaparecerán los malos pensamientos, y el amor te hará crecer en la fe. Ya no te parecerá un cuento que los muertos resuciten, ni temerás al juicio final. Tú mismo te asombrarás de la libertad y el gozo que anidarán en tu corazón. Nada te atormentará.”