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Psicología Quotes

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Psicología Quotes

“Siéntate en soledad y permanece en absoluto silencio. Inclina la cabeza, cierra los ojos, respira suave y profundamente, imagínate que estás mirando en el interior de tu corazón, dirige hacia él todos tus pensamientos. Al ritmo de la respiración pronuncia las siguientes palabras: “Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mí!”, dilo moviendo los labios con dulzura y desde lo más profundo de tu ser. Esfuérzate en alejar de ti todos los demás pensamientos, ten paciencia y repítelo siempre que puedas.”

“El orgullo no viene a través de nuestra naturaleza animal en absoluto. Este viene directamente del infierno. Es puramente espiritual, y en consecuencia, es mucho más mortífero y sutil. Por la misma razón, el orgullo puede ser a menudo utilizado para combatir los vicios menores. Los maestros, de hecho, a menudo acuden al orgullo de los alumnos, o, como ellos lo llaman, a la estimación que sienten por sí mismos, para impulsarles a comportarse correctamente: más de un hombre ha superado la cobardía, la lujuria o el mal carácter aprendiendo a pensar que estas cosas no son dignas de él… es decir, por orgullo. El demonio se ríe. Le importa muy poco ver cómo os hacéis castos y valientes y dueños de vuestros impulsos siempre que, en todo momento, él esté infligiendo en vosotros la dictadura del orgullo… del mismo modo que no le importaría que se os curasen los sabañones si se le permitiera a cambio infligiros un cáncer. Porque el orgullo es un cáncer espiritual, devora la posibilidad misma del amor, de la satisfacción, o incluso del sentido común.”

“La naturaleza de los objetos se aprecia según la disposición interior del alma», es decir, que cada uno se forma una idea de los demás según lo que es él mismo. Y más adelante añade: «Quien ha conquistado esta ciudadela no puede estar atado a la percepción de las cosas. No tiene en cuenta para nada las dulzuras de la vida, no hace diferencia entre lo sagrado y lo profano, sino que, como Dios que hace llover y que salga el sol de igual manera sobre justos e injustos.”

“A forma como o cristianismo funciona assemelha como ratos são educados, ver o livro “Punidos Pelas Recompensas” por Alfie Kohn, esse livro é um dos pilares da CNV. Como Kohn abre o livro, esse forma era considerada eficaz para humanos, e ele desafia isso, de que a única forma de educar humanos é por recompensas e punições. Essa visão de mundo é baseado em um psicólogo muito influente na época, conhecido como psicologia comportamental. O livro “Punidos Pelas Recompensas” de Alfie Kohn é uma crítica contundente ao uso de recompensas e punições como métodos de controle e motivação. Kohn argumenta que essas práticas, amplamente aceitas na educação e no ambiente de trabalho, podem ser prejudiciais e contraproducentes. Ele desafia a ideia de que a única maneira de educar e motivar seres humanos é através de recompensas e punições, uma visão fortemente influenciada pela psicologia comportamental. Kohn sugere que, assim como os ratos são treinados com recompensas e punições, essa abordagem tem sido aplicada aos humanos, mas ele questiona sua eficácia e ética. Ele propõe alternativas que promovem a autonomia, a colaboração e a motivação intrínseca, alinhando-se com os princípios da Comunicação Não Violenta (CNV), que valoriza a empatia e a compreensão das necessidades humanas.”

“El espíritu humano no se contenta únicamente con lo que es sólo cuestión de los sentidos puesto que el innato amor propio nunca se mitiga. Esa es la causa por la cual los deseos se desarrollan siempre más y más, los esfuerzos por alcanzar la felicidad se intensifican, llenan la imaginación e incitan a los sentimientos hacia este mismo fin. El espontáneo surgir de este deseo interior es el natural impulso a la oración, pues la excesiva exaltación del amor propio no logra nunca satisfacer al ser humano. Cuanto menos consigue el hombre natural alcanzar la felicidad y cuanto más la desea, tanto más encuentra en la oración un desahogo. Se vuelve para orar a la desconocida Causa de todo ser, elevándole su petición. De este modo, ese innato amor propio, el principal elemento de la vida, es la causa más profunda que incita al hombre natural a la oración. En su infinita sabiduría, el Creador de todas las cosas ha infundido en la naturaleza humana la capacidad del amor propio, precisamente como estímulo, según la expresión de los Padres, que impulse hacia arriba el ser caído del hombre y lo ponga en contacto con las cosas celestiales.”

“Comencé intentando individuar la posición del corazón, según la enseñanza de Simeón el Nuevo Teólogo. Cerré los ojos, concentrando todas las fuerzas de imaginación en el corazón. Este ejercicio me duraba media hora, y lo repetía varias veces. Al principio sólo sentía una impresión de oscuridad; pero no tardó en aparecer mi corazón y sentir sus movimientos profundos. Luego traté de sincronizarlos con la oración a Jesús, como lo enseñan los santos Padres Gregorio el Sinaíta, Calixto e Ignacio. Aspirando el aire, dirigía la mirada hacia el corazón y decía: Señor Jesucristo. Y luego, expirando continuaba: ten misericordia de mí. Lo fui repitiendo, primero durante una hora, después durante dos, y posteriormente, gracias al ejercicio continuo, casi todo el día. Cuando se me hacía difícil, o sentía pereza o fatiga, abría de nuevo la Filocalía, y leía en seguida los puntos que trataban de la oración interior, y de nuevo sentía ganas de practicarla.”

“La oración interior del corazón fue mi compañera y consuelo a lo largo de la peregrinación. Nada la impedía, ni las ocupaciones, ni las circunstancias exteriores. La misma oración parecía ayudarme a resolver los problemas que se me presentaban. Cuando leía o escuchaba, la oración seguía manando del interior de mi corazón. Parecía como si se desdoblase mi personalidad o hubiese dos almas en mí, una que escuchaba y otra que oraba.”

“Todos pueden llegar a ella. Basta con sumergirse silenciosamente en el propio corazón, invocando con la mayor frecuencia posible el nombre de Jesús. Inmediatamente se descubre una luz interior y todo se hace más comprensible. Lo que nos pasa a los mortales, es que estamos muy lejos de nosotros mismos y no nos interesa entrar en nuestro interior. Huimos de nosotros mismos. Nos perdemos en cuatro bagatelas con tal de no encontrarnos en profundidad con nosotros mismos. Buscamos escapatorias, con lo que nuestros deseos se quedan en palabras. Con frecuencia nos decimos: me gustaría hacer oración, mirar en mi interior..., pero no tengo tiempo, las ocupaciones y los negocios me impiden dedicarme a ello. Tendríamos que preguntarnos de verdad, qué es lo más importante, si la vida del alma que tiene límites de eternidad, o el cuerpo, que tiene una vida pasajera.”

“Aparentemente, las ratas de la vindicación y el resentimiento siempre están allí, en el desván, de mi alma. Y ese desván está fuera del alcance de mi voluntad consciente. Puedo, hasta cierto punto, controlar mis actos, pero no tengo un control directo sobre mi temperamento. Y si, (como dije antes) lo que somos importa aún más que lo que hacemos —si, ciertamente, lo que hacemos importa principalmente como evidencia de lo que somos— entonces se sigue que el cambio que más necesito llevar a cabo es un cambio que mis propios esfuerzos directos y voluntarios no pueden realizar. Y esto puede aplicarse también a mis buenas acciones. ¿Cuántas de ellas fueron hechas por el motivo correcto? ¿Cuántas por miedo a la opinión pública, o por un deseo de ostentación? ¿Cuántas por una suerte de obstinación o de sentido de superioridad que, en circunstancias diferentes, podrían haber conducido igualmente a una mala acción? Pero yo no puedo, a través de un esfuerzo moral directo, proporcionarme a mí mismo nuevos motivos. Después de los primeros pasos en la vida cristiana nos damos cuenta de que aquello que verdaderamente necesita hacerse en nuestras almas sólo puede ser hecho por Dios.”

“Por eso precisamente se les dice a los cristianos que no juzguen. Sólo vemos los resultados que las elecciones de un hombre extraen de su material en bruto. Pero Dios no juzga en absoluto a ese hombre por su material en bruto, sino por lo que ha hecho con él. La mayor parte de la estructura psicológica de un hombre se debe probablemente a su cuerpo: cuando su cuerpo muera todo eso se desprenderá de él, y el hombre central auténtico, aquello que eligió, el mejor o el peor partido que sacó de ese material, se quedará desnudo. Toda clase de cosas buenas que creíamos eran nuestras, pero que en realidad se debían a una buena digestión, se desprenderán de nosotros, y toda clase de cosas malas que se debían a los complejos o a la mala salud de los demás se desprenderán de ellos. Y entonces, por primerísima vez, veremos a todos tal como son.”

“El orgullo siempre significa la enemistad: es la enemistad. Y no sólo la enemistad entre hombre y hombre, sino también la enemistad entre el hombre y Dios. En Dios nos encontramos con algo que es en todos los aspectos inconmensurablemente superior a nosotros. A menos que reconozcamos esto —y, por lo tanto, que nos reconozcamos como nada en comparación— no conocemos a Dios en absoluto. Un hombre orgulloso siempre desprecia todo lo que considera por debajo de él, y, naturalmente, mientras se desprecia lo que se considera por debajo de uno, no es posible apreciar lo que está por encima.”

“La gente a menudo piensa en la moral cristiana como una especie de trato en el que Dios dice: «Si guardáis una serie de reglas os recompensaré, y si no las guardáis haré lo contrario.» Yo no creo que ésta sea la mejor manera de considerarla. Preferiría con mucho decir que cada vez que hacéis una elección estáis transformando el núcleo central de lo que sois en algo ligeramente diferente de lo que erais antes. Y considerando vuestra vida como un todo, con todas sus innumerables elecciones, a lo largo de toda ella estáis transformando este núcleo central en una criatura celestial o en una criatura infernal.”

“Eso explica lo que siempre solía intrigarme acerca de los escritores cristianos: parecen ser tan estrictos en un momento dado y tan libres y desenfadados en otro. Hablan acerca de meros pecados de pensamiento como si estos fueran inmensamente importantes, y luego hablan de los más terribles asesinatos y las más pavorosas traiciones como si lo único que hubiera que hacer fuese arrepentirse y todo será perdonado. En lo que siempre están pensando es en la marca que cada uno de nuestros actos deja en ese minúsculo núcleo central que nadie ve en esta vida pero que cada uno de nosotros tendrá que soportar —o disfrutar- para siempre.”

“Si a uno se le permite condenar las acciones del enemigo y castigarlo, ¿qué diferencia hay entre la moral cristiana y el punto de vista corriente? Toda la diferencia del mundo. Recordad que los cristianos pensamos que el hombre vive para siempre. Por lo tanto, lo que realmente importa son esas pequeñas marcas o señales en la parte interior o central del alma que van a convertirla, a la larga, en una criatura celestial o una criatura demoníaca. En otras palabras, algo dentro de nosotros, el resentimiento, la sensación de venganza, deben sencillamente ser aniquilado. Mientras castigamos debemos tratar de sentir por el enemigo lo que sentimos por nosotros mismos: desear que no fuese tan malo, esperar que pueda, en este mundo o en el otro, ser curado; de hecho, desearle el bien. A eso es a lo que se refiere la Biblia cuando dice que debemos amar a nuestros enemigos: deseándoles el bien, y no teniéndoles afecto o diciendo que son buenos cuando no lo son.”

“La diferencia entre un cristiano y un hombre mundano no es que el hombre mundano sólo siente afectos o «simpatías» y el cristiano sólo siente «caridad». El hombre mundano trata a ciertas personas amablemente porque le «gustan»; el cristiano, intentando tratar a todo el mundo amablemente, se encuentra a sí mismo gustando cada vez de más gente, incluyendo personas que al principio jamás se hubiera imaginado le gustarían.”

“Sería equivocado pensar que el modo de volverse caritativo es tratar de fabricar sentimientos de afecto. Algunas personas son «frías» por naturaleza; puede que eso sea una desgracia para ellos, pero no es más pecado que hacer mal la digestión, y no los aleja de la posibilidad, o los disculpa del deber, de aprender a ser caritativos. La regla para todos nosotros es perfectamente simple. No perdáis el tiempo preguntándoos si «amáis» a vuestro prójimo: comportaos como si fuera así. En cuanto hacemos esto, descubrimos uno de los grandes secretos. Cuando nos comportamos como si amásemos a alguien, al cabo del tiempo llegaremos a amarlo. Si le hacemos daño a alguien que nos disgusta, descubriremos que nos disgusta aún más que antes. Si le hacemos un favor, encontraremos que nos disgusta menos.”

“Escritores utilizan la palabra caridad para describir no sólo el amor cristiano entre seres humanos, sino también el amor de Dios para con los hombres y de los hombres para con Dios. Acerca de la segunda clase de amor la gente a menudo se preocupa. Se les dice que deben amar a Dios. Y no pueden hallar ese sentimiento en sí mismos. ¿Qué deben hacer? La respuesta es la misma que antes. Comportaos como si lo amarais. No intentéis fabricar sentimientos. Preguntaos: «Si yo estuviera seguro de amar a Dios, ¿qué haría?» Cuando hayáis encontrado la respuesta, id y hacedlo.”

“El afecto, ya lo dije, no se da importancia. La caridad —decía san Pablo— no es engreída. El afecto puede amar lo que no es atractivo: Dios y sus santos aman lo que no es amable. El afecto «no espera demasiado», hace la vista gorda ante los errores ajenos, se rehace fácilmente después de una pelea, como la caridad sufre pacientemente, y es bondadoso y perdona. El afecto nos descubre el bien que podríamos no haber visto o que, sin él, podríamos no haber apreciado. Lo mismo hace la santa humildad. Pero si nos detuviéramos sólo en estas semejanzas, podríamos llegar a creer que este afecto no es simplemente uno de los amores naturales sino el Amor en sí mismo, obrando en nuestros corazones humanos y cumpliendo su ley. ¿Tendrían razón entonces los novelistas ingleses de la época victoriana, al decir que es suficiente este tipo de amor? ¿Son «los afectos caseros», cuando están en su mejor momento y en su desarrollo más pleno, lo mismo que la vida cristiana? La respuesta a estas preguntas, lo sé con seguridad, es decididamente No. No digo solamente que esos novelistas escribieron a veces como si nunca hubieran conocido ese texto evangélico sobre el «odiar» a la esposa y a la madre y aun la propia vida —aunque, por supuesto, sea así—, sino que la enemistad entre los amores naturales y el amor de Dios es algo que un cristiano procura no olvidar. Dios es el gran Rival, que en cualquier momento me puede robar —al menos a mí me parece un robo— el corazón de mi esposa, de mi marido o de mi hija.”

“Las personas que son de suyo difíciles de amar, su continua exigencia de ser amadas, como si fuera un derecho, su manifiesta conciencia de ser objeto de un trato injusto, sus reproches, sea con estridentes gritos o con quejas solamente implícitas en cada mirada o en cada gesto de resentida autocompasión, provocan en nosotros un sentimiento de culpa —esa es su intención— por una falta que no podíamos evitar y que no podemos dejar de cometer.”

“La norma judeo-cristiana de amor fraternal es totalmente diferente de la ética de la equidad. Significa amar al prójimo, es decir, sentirse responsable por él y uno con él, mientras que la ética equitativa significa no sentirse responsable y unido, sino distante y separado; significa respetar los derechos del prójimo, pero no amarlo.”

“La liberación es una mezcla de problemas espirituales, emocionales y psicológicos. La clave con Deborah fue descubrir la mentira en la que vivía. Estaba convencida de que nadie podía amarla, y que tendría que mendigar amor el resto de su vida. Posteriormente se expuso una mentira más profunda: la creencia de que ella no tenía corazón (que Satanás se lo había comido). Satanás quería robarle el conocimiento del amor de Dios y el amor que otros sentían por ella. Deborah necesitaba un lugar seguro donde supiera que la amaban para poder entrar más plenamente en el proceso de transformación. Sin el apoyo del padre John y otros, las oraciones de liberación podrían haber sido infructuosas.”

“La facultad de pensar objetivamente es la razón; la actitud emocional que corresponde a la razón es la humildad. Ser objetivo, utilizar la propia razón, sólo es posible si se ha alcanzado una actitud de humildad, si se ha emergido de los sueños de omnisciencia y omnipotencia de la infancia. Puesto que el amor depende de la ausencia relativa del narcisismo, requiere el desarrollo de humildad, objetividad y razón. La humildad y la objetividad son indivisibles, tal como lo es el amor. Debo tratar de ver la diferencia entre mi imagen de una persona y de su conducta, tal como resulta de la deformación narcisista, y la realidad de esa persona tal como existe independientemente de mis intereses, necesidades y temores.”

“Alfred Adler, desarrolló la teoría del complejo de inferioridad. Según Adler, los niños que sufren una percepción de desarraigo a resultas de haber padecido una infancia mala, plena de burlas, sufrimientos, rechazos, tienden a buscar “sobre compensaciones” que pueden ser en la forma de determinados logros exagerados. Aquí también ves que las humillaciones, las líneas vergonzosas de la propia biografía, pueden modificar la propia posición en el Mapa de la Autoestima, llevando a que se necesiten, de manera más urgente, determinadas hazañas. La “hazaña escudo” es lo mismo que la sobre-compensación de Adler, pero a futuro. Si la compensación, es una hazaña que se busca para que duela menos la anti-hazaña que ya tenemos, que ya sufrimos, la hazaña escudo, en cambio, es un paragolpes que preparamos por un miedo enfermizo que tenemos a la posible llegada de una anti-hazaña. Es un paragolpes. Es como una anestesia de baja calidad para que, si llega la anti-hazaña, duela menos. Como desarrollaremos en este capítulo, las hazañas escudo están detrás de certezas como pesimismo, hipocondría, delirios de persecución, y de comportamientos como auto-boicot, agresividad paranoide, etc.”