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Amor Quotes

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Amor Quotes

“Tenían razón los santos Padres cuando decían que la Filocalía es la llave que abre el entendimiento de los misterios de la Escritura. Con ayuda de la Filocalía comencé a entender mejor lo oculto de la palabra de Dios. Descubrí qué significaba el hombre interior en el fondo del corazón, la verdadera oración, la adoración en Espíritu, el Reino en nuestro interior, la intercesión del Espíritu Santo... Comprendí también el sentido de expresiones como estas: «Vosotros estáis en mí» (cf Jn 15,4); «Dame tu corazón» (cf Prov 23,26); «Revestirse de Cristo» (cf Gál 3,27), qué significan «las bodas del Espíritu con los hombres», la invocación: «¡Abba, Padre!» (cf Gál 4,6), y otras expresiones. Al mismo tiempo, las cosas que me rodeaban parecía como que se transformaban con la oración: los árboles, la hierba, los pájaros, la tierra, el aire, la luz... Todo parecía decirme que existía para mí. Me parecía que daban testimonio de que Dios las había creado para el hombre por amor. Así comprendí lo que la Filocalía llama el lenguaje de la creación y la posibilidad de hablar de Dios con la misma creación.”

“Yo podría repetir «Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti» hasta que me salgan canas verdes, pero no podré realmente llevarlo a cabo hasta que ame a mi prójimo como a mí mismo. Y no puedo aprender a amar a mi prójimo como a mí mismo hasta que no aprenda a amar a Dios. Y no puedo aprender a amar a Dios salvo aprendiendo a obedecerle. Y así, como ya os lo advertí, llegamos a algo más interior… de los asuntos sociales a los asuntos religiosos. Porque el rodeo más largo es el camino más corto a casa.”

“Cuando decimos: "Con la ayuda de Dios", queremos decir que Dios nos ponga dentro un trocito de Sí, por así decirlo. Él nos presta un poquito de Su capacidad para razonar, y de ese modo pensamos; nos presta un poquito de Su amor y así es como nos amamos los unos a los otros. Nosotros amamos y razonamos porque Dios ama y razona y nos sostiene la mano mientras lo hacemos.”

“¿Cómo se podía odiar lo que hacía un hombre y no odiar al hombre? Pero años más tarde se me ocurrió que había un hombre con el que yo había puesto esto en práctica durante toda mi vida. Ese hombre era yo mismo. Por mucho que me disgustase mi cobardía o mi vanidad o mi codicia, seguía queriéndome a mí mismo. El cristianismo quiere que las odiemos del mismo modo en que odiamos esas cosas en nosotros mismos: lamentando que ese hombre haya hecho esas cosas y esperando, si es posible, que de algún modo, en algún momento, en algún lugar, el hombre puede ser curado y humanizado de nuevo.”

“Caridad significa «amor en el sentido cristiano». Pero el amor, en el sentido cristiano, no significa una emoción. Es un estado, no de los sentimientos, sino de la voluntad; el estado de la voluntad que naturalmente tenemos acerca de nosotros mismos, y que debemos aprender a tener acerca de los demás. Es normalmente un deber alentar nuestros afectos —«gustar» de la gente tanto como podamos (del mismo modo que a menudo debemos alentar nuestro gusto por el ejercicio o la comida sana)— no porque este afecto sea en sí mismo la virtud de la caridad, sino porque la ayuda.”

“El afecto, ya lo dije, no se da importancia. La caridad —decía san Pablo— no es engreída. El afecto puede amar lo que no es atractivo: Dios y sus santos aman lo que no es amable. El afecto «no espera demasiado», hace la vista gorda ante los errores ajenos, se rehace fácilmente después de una pelea, como la caridad sufre pacientemente, y es bondadoso y perdona. El afecto nos descubre el bien que podríamos no haber visto o que, sin él, podríamos no haber apreciado. Lo mismo hace la santa humildad. Pero si nos detuviéramos sólo en estas semejanzas, podríamos llegar a creer que este afecto no es simplemente uno de los amores naturales sino el Amor en sí mismo, obrando en nuestros corazones humanos y cumpliendo su ley. ¿Tendrían razón entonces los novelistas ingleses de la época victoriana, al decir que es suficiente este tipo de amor? ¿Son «los afectos caseros», cuando están en su mejor momento y en su desarrollo más pleno, lo mismo que la vida cristiana? La respuesta a estas preguntas, lo sé con seguridad, es decididamente No. No digo solamente que esos novelistas escribieron a veces como si nunca hubieran conocido ese texto evangélico sobre el «odiar» a la esposa y a la madre y aun la propia vida —aunque, por supuesto, sea así—, sino que la enemistad entre los amores naturales y el amor de Dios es algo que un cristiano procura no olvidar. Dios es el gran Rival, que en cualquier momento me puede robar —al menos a mí me parece un robo— el corazón de mi esposa, de mi marido o de mi hija.”

“Las personas que son de suyo difíciles de amar, su continua exigencia de ser amadas, como si fuera un derecho, su manifiesta conciencia de ser objeto de un trato injusto, sus reproches, sea con estridentes gritos o con quejas solamente implícitas en cada mirada o en cada gesto de resentida autocompasión, provocan en nosotros un sentimiento de culpa —esa es su intención— por una falta que no podíamos evitar y que no podemos dejar de cometer.”

“El hecho de haber alcanzado un grado menor de malentendido sobre lo que debe ser la inteligencia pura, no ha de hacerme llevarlo demasiado lejos. También cuenta, valga lo que valga, la resurrección de la carne. No somos capaces de entender. Puede que lo que menos entendamos sea lo mejor. ¿No se ha debatido ya, en tiempos, si la visión final de Dios era más un acto de inteligencia que de amor? Ésta es probablemente otra de esas preguntas disparatadas. ¡Qué cruel sería convocar a los muertos caso de que pudiéramos hacerlo!”

“Nada es ni demasiado trivial ni demasiado animal para que pueda ser así transformado: un juego, una broma, tomar una copa con alguien, una charla ligera, un paseo, el acto de venus, todas esas cosas pueden ser modos con los que perdonamos o aceptamos el perdón, con los que consolamos o nos reconciliamos, con los que «no buscamos nuestro propio interés». Así, en nuestros mismos instintos, apetitos y pasatiempos, el Amor se ha preparado «un cuerpo» para sí mismo.”

“Cristo no enseñó ni sufrió para que llegáramos a ser, aun en los amores naturales, más cuidadosos de nuestra propia felicidad. Si el hombre no deja de hacer cálculos con los seres amados de esta tierra a quienes ha visto, es poco probable que no haga esos mismos cálculos con Dios, a quien no ha visto. Nos acercaremos a Dios no con el intento de evitar los sufrimientos inherentes a todos los amores, sino aceptándolos y ofreciéndoselos a Él, arrojando lejos toda armadura defensiva. Si es necesario que nuestros corazones se rompan y si Él elige el medio para que se rompan, que así sea.”

“Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo, SU PROPIO MANDAMIENTO, como lo dice más adelante, ya no habla de amar al prójimo como a sí mismo sino de amarlo como él, Jesús, lo ha amado. Jesús, Tú conoces mejor que yo mi debilidad, mi imperfección, sabes muy bien que jamás podría amar a mis hermanas como Tú las amas, si tú mismo, Jesús mío, no las amaras también en mí. Tu voluntad es amar en mí a todos aquellos a quienes me ordenas amar. Estoy convencida de que cuando ejercito la caridad, es Jesús sólo quien obra en mí: cuanto más unida a Él estoy, tanto más amo a todas mis hermanas. Cuando quiero aumentar en mí el amor, y sobre todo, cuando el demonio intenta poner ante los ojos de mi alma los defectos de tal o cual hermana que me resulta menos simpática, me apresuro a descubrir sus virtudes, sus buenos deseos, me digo que si la he visto caer una vez quizá ha ganado [13rº] muchas victorias que oculta por humildad, y que esa aparente falta sea tal vez, a causa de la intención, un acto de virtud.”

“La gracia y misericordia de Cristo nos hace capaces de dar testimonio aunque sólo sea limitándonos a aceptar la copa que no podemos evitar. Porque la Eucaristía transformará nuestro sufrimiento en sacrificio. No es que Jesús sufriera y muriera para que nosotros no suframos ni muramos. No se trata de una mera sustitución. Es un misterio representativo y participativo. Jesús padeció y murió para dotar a nuestros sufrimientos de un valor redentor, un valor que nunca podrían haber poseído por sí mismos. Padeció y murió para investirnos de su amor. Lo hizo para que nuestro amor, sin disminuir nuestro sufrimiento ni evitarnos el dolor, transformase ese dolor en una pasión santa, el sufrimiento en sacrificio. Lo hizo para que nuestra vida en Cristo pueda culminar en una muerte Santa.”

“Yo soy esa hija, objeto del amor preveniente de un Padre que ha enviado a su Verbo para rescatar no a los justos sino a los pecadores. Quiere que yo lo ame porque me ha perdonado, no mucho sino TODO. No esperó que lo amase mucho como santa Magdalena, sino que ha querido que yo sepa cómo me había amado con un amor de inefable previsión, ¡a fin de que ahora lo ame hasta la locura!... He oído decir que no se ha hallado un alma pura que ame más que un alma arrepentida. ¡Cuánto querría desmentir esa expresión!...”

“La caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los otros, en no asombrarse por sus flaquezas, en edificarse con los más pequeños actos de virtud que se les vea practicar, pero, sobre todo, he comprendido que la caridad no debe permanecer encerrada en el fondo del corazón: «No se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a TODOS los que están en la casa».”

“Nos encontramos de lleno ante el gran interrogante de cómo se puede conocer a Dios y cómo se puede desconocerlo, de cómo el hombre puede relacionarse con Dios y cómo puede perderlo. La arrogancia que quiere convertir a Dios en un objeto e imponerle nuestras condiciones experimentales de laboratorio no puede encontrar a Dios. Pues, de entrada, presupone ya que nosotros negamos a Dios en cuanto Dios, pues nos ponemos por encima de Él. Porque dejamos de lado toda dimensión del amor, de la escucha interior, y sólo reconocemos como real lo que se puede experimentar, lo que podemos tener en nuestras manos. Quien piensa de este modo se convierte a sí mismo en Dios y, con ello, no sólo degrada a Dios, sino también al mundo y a sí mismo.”

“Quien sigue la voluntad de Dios sabe que en todos los horrores que le ocurran nunca perderá una última protección. Sabe que el fundamento del mundo es el amor y que, por ello, incluso cuando ningún hombre pueda o quiera ayudarle, él puede seguir adelante poniendo su confianza en Aquel que le ama.”

“Veremos a Dios cuando entremos en los mismos «sentimientos de Cristo» (Flp 2, 5). La purificación del corazón se produce al seguir a Cristo, al ser uno con Él. «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Y aquí surge algo nuevo: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor, que es la esencia de Dios y, por eso, la verdadera fuerza purificadora que capacita al hombre para percibir y ver a Dios.”

“El corazón puro es el corazón que ama, que entra en comunión de servicio y de obediencia con Jesucristo. El amor es el fuego que purifica y une razón, voluntad y sentimiento, que unifica al hombre en sí mismo gracias a la acción unificadora de Dios, de forma que se convierte en siervo de la unificación de quienes estaban divididos: así entra el hombre en la morada de Dios y puede verlo. Y eso significa precisamente ser bienaventurado.”

“La fuente inagotable de amor solo puede surgir de un Ser tan puro, perfecto e infalible como Dios, y no puedes aportar algo así a los demás si no se lo pides y se lo confías a Él; o como diría el padre de Caleb en Prueba de Fuego, nunca podrás querer a alguien y pretender darle algo que no dispones. Muchos lo han intentado y a la larga han fracasado, como estuvo a punto de hacer Caleb pretendiendo seguir únicamente los dictámenes de su corazón.”

“En las tribulaciones de la vida se nos purifica lentamente al fuego, podemos transformarnos en pan, por decirlo así, en la medida en que en nuestra vida y en nuestro sufrimiento se comunica el misterio de Cristo, y su amor hace de nosotros una ofrenda para Dios y para los hombres.”

“La norma judeo-cristiana de amor fraternal es totalmente diferente de la ética de la equidad. Significa amar al prójimo, es decir, sentirse responsable por él y uno con él, mientras que la ética equitativa significa no sentirse responsable y unido, sino distante y separado; significa respetar los derechos del prójimo, pero no amarlo.”

“El amor no esta en la mente ni en el corazón, no esta en un lugar físico, sino en uno invisible, que no se ve, que no se puede palpar o tocar, que solo se puede sentir, como si hubiera llenado un espacio que antes estaba vacío, hueco, pero que ahora al sentirlo es como si se hubiera colmado de sensaciones lindas, hermosas, como cuando alguien planta una flor en un jardín, y este espacio queda lleno de alegría y color y da sentido a su existencia.”

“Pues el amor esta hecho de esos pequeños momentos que con el tiempo se van perfeccionando y en eso éramos buenos y fuimos perfeccionándolo con el pasar de los años, es que “las cosas fundamentales suceden conforme pasa el tiempo” decía nuestra canción As times goes by y de algún modo eso ocurrió así”

“Así es como un hada ama, con todo su cuerpo y alma. Así es como un hada ama con la destrucción. Te amo, le dijo ella, noche tras noche durante siete años. Las hadas no pueden mentir y el lo sabia. Te amo, le dijo el, noche tras noche durante siete años. Los seres humanos pueden mentir y por eso ella le dejo creer que le mintió a ella, y ella dejo que su hermano y sus lo creyeran, y ella murió esperando creer siempre. Así es como un hada ama como un regalo.”

“¡Ah, lejano, ignorado Cochocho, piojo sublime, médico de los pobres, humilde dios del barro, genio de los ataúdes y de las aguas! Muchas miradas como aquella última tuya debió presentir con sus ojos visionarios el Divino Maestro, la tarde en que seguido por sus discípulos subió a la falda de un montaña, y allí, sentado sobre la hierba, les dictó su testamento. En el escribió tu nombre oscuro, Vicente Cochocho, porque tú fuiste manso; tú fuiste limpio de corazón, tú fuiste misericordioso, tú padeciste persecuciones por la justicia. Heredero de la gloria, tú imperas hoy sobre las ocho Bienaventuranzas, tuyo y muy tuyo es todo el Reino de los Cielos.”

“Si de verdad somos la especie más inteligente de este planeta -algo que presupongo-, ¿entonces por qué la ciencia no recorrió hace tiempo el camino inverso? ¿Por qué esforzarse durante años en enseñar tediosos signos a animales de laboratorio, animales cuya capacidad de aprendizaje, de acuerdo con el estado actual de la investigación, es inferior a la nuestra? ¿No sería mucho más sencillo que nosotros mismos empezásemos al fin a aprender el lenguaje animal?”

“Los prisioneros necesitaban a alguien que no se compadeciera de sí mismo, sino que compartiera sinceramente con ellos su dolor. Necesitaban a alguien que no buscara consuelo, sino que pudiera consolar. Necesitaban a alguien que no buscara respeto y admiración por lo que era, sino que les demostrara amor y respeto aunque ellos le rechazaran y le trataran con desprecio. Me pedía que me olvidara de mi «impotencia» frente al «sistema» y me preocupara, en cambio, por las necesidades de quienes me rodeaban hoy, de manera que pudiera hacer cuanto estuviera en mi mano a través de la oración y del ejemplo.”

“¿Cómo se miden esas cosas? Si alguien nos hace felices y después conocemos el peor sufrimiento a causa de esa misma persona, ¿cómo sacar una conclusión definitiva de algo que nos lleva del Cielo al Infierno? La vida sigue, es imposible saber cómo habría sido si hubiéramos abierto otras puertas, si no nos hubiéramos enamorado de la persona de la que nos enamoramos.”